Medicina Holística IV
El diagnóstico de una enfermedad marca un límite. Por un lado se pierde una condición de la que no tenemos clara conciencia y por otro surge un nuevo estado que debemos aceptar. El límite no es una línea, es más bien una avenida ancha. No todos están dispuestos a pasar de un lado al otro, ese es un tema personal. La recompensa de pasar el límite es la aceptación de uno mismo como tal, como es. Lograr decir “yo soy esto”.
Cuando perdemos algo (la salud, el empleo, la pareja, entre otros) transitamos por un camino normal y saludable de recorrer que llamamos duelo. Comúnmente asociamos el duelo con la muerte pero en realidad es un mecanismo natural de adaptación que requiere de varios pasos hasta lograr aceptar lo que al comienzo nos habíamos negado a admitir. Podemos verlo desde el lado de aquello perdido. Por ejemplo: con el diagnóstico de enfermedad, lo perdido sería el estado de salud; con la formación de una pareja, lo perdido podría ser la situación de vivir solo en uno mismo; con la ganancia de bienes, lo perdido podría ser la tranquilidad de preocuparse sólo de lo estrictamente necesario. Podemos verlo desde el lado de lo adquirido, de lo nuevo, en estos ejemplos: con la enfermedad adquirimos la conciencia de estar vivos, con la formación de una pareja adquirimos un reconocimiento de uno mismo en el otro, con la ganancia de bienes adquirimos el orgullo de lo hecho por mérito propio. El análisis podría continuar con una infinidad de sutilezas que hacen de la vida algo cotidiano.
¿Cuál es la forma correcta de ver este proceso, del lado de las pérdidas o las adquisiciones? La pregunta no tiene sentido. Nos induce a ser parciales, perdemos la totalidad. La realidad es una, la separamos en partes para que su comprensión nos sea posible. Cuando nos preguntamos sobre lo perdido, también lo hacemos sobre lo adquirido.
Aceptar los hechos es un proceso que lleva a asumir el cambio. Cuando hablamos de cambio se quiere decir que reconocemos un límite y su vez, algo antes y algo después. El camino de aceptación puede ser doloroso y por eso, a veces, nos negamos a transitarlo. El tiempo requerido para aceptar una nueva condición es un tiempo individual, no cronológico; la experiencia es intransferible, pero uno siempre sale más fuerte de esta experiencia.
¿Cuándo un diabético comienza a ser diabético?
La diabetes como trastorno del metabolismo requiere un diagnóstico, ciertos estudios de valoración y un tratamiento que incluye cambios en la dieta, ejercicio acorde, medicación necesaria además de información confiable. La pregunta hace referencia a la persona que llamamos diabético, el sentido de la misma apunta hacia una forma de vivir y ver el mundo. Ser diabético podemos verlo desde el límite pero intentando comprender el cambio. ¿La dieta del diabético es demasiado estrecha o ajustada? No es una buena pregunta. Cuando uno acepta los cambios en la dieta comprende que lo que el cuerpo necesita para subsistir es mucho menos de lo que estaba acostumbrado. La atención se desvía hacia nuestra ansiedad por comer como necesidad de incorporar afectos y acumularlo. Al aprender a decir “no” estamos marcando el límite entre vivir por vivir y una forma sana de vivir.
“El mundo cambia en la medida que lo comprendemos”. Cuando te aceptas como diabético (en este ejemplo) vives como tal, puedes decir “yo diabético”, el mundo del que formas parte deja de estar lejos. Es cuestión de cercanías.
sábado, 27 de marzo de 2010
sábado, 6 de marzo de 2010
Holismo en Medicina TRES
Medicina Holística III
Uno siempre da lo mejor en cada momento. ¿Quién lo dijo? No importa. ¿Estás de acuerdo? Tal vez puedas responder sobre el por qué de tu respuesta, tal vez no. No importa. El fruto de tus acciones ¿es el mejor? Para esto tampoco hay respuesta. Cuando comenzamos a pensar, a actuar, a responder en términos de “tal vez” o “es probable” lo que dejamos implícito es nuestra ignorancia. Suena a seguridad pero es solo ignorancia.
¿Cómo resultará esta operación de estómago?, ¿con estos medicamentos se podrá controlar la presión arterial? La respuesta una y otra vez es que “es lo más probable”. El resultado no puede asegurarse, nuestra ignorancia del futuro es manifiesta. Actuamos de acuerdo a nuestra experiencia y a la experiencia de otros pero nada de eso garantiza un resultado único. Acerquémonos a los términos de probabilidad. Cuando la probabilidad es cero, le llamamos hecho imposible, cuando la probabilidad es uno, le llamamos certeza. Ambos hechos son el extremo de una línea con infinitos puntos: nos dan seguridad. La vida cotidiana nos muestra que nos movemos entre ambos extremos, con idas y vueltas. Desde el holismo se insiste que la medida de esa probabilidad la debemos hacer cada uno de nosotros en el momento indicado. Lo que hoy es imposible, en otro momento puede ser algo más probable o incluso una certeza. ¿Vas a tener un hijo? A los tres años de vida es imposible, a los 24 años con las condiciones necesarias pasa a ser altamente probable, con un hijo en brazos constituye una certeza. El solo hecho de “tener un hijo” cambia de estado de probabilidad en función del tiempo. El desafío es aceptar la posibilidad del cambio.
Nuestro mundo anímico nos permanece oculto y a la vez convive en nosotros. “Yo sé lo que me pasa, sólo que no se qué hacer para cambiar”. Frase que podemos escuchar de un fumador, un obeso, un adicto al trabajo, una persona que no habla con sus hijos desde hace mucho tiempo, una persona que no ha logrado tener una pareja después del sufrimiento de la separación entre muchas otras situaciones.
¿Estas actuando en una forma sana? Para evaluar nuestras acciones, desde el holismo se aconsejan dos actitudes positivas y creativas: comparar y practicar una observación participativa.
Comparar implica recordar, estar atento a los cambios y poder darse cuenta, aunque uno no participe directamente de los hechos. Cuando uno abandona una situación que no nos hace bien, el impulso primero es mejorar. Para saber si el cambio es positivo hay que comparar lo nuevo con lo anterior. Surgen así, múltiples diferencias que siempre estuvieron ahí pero permanecían ocultas pero notorias. No podemos comparar si vemos solo una parte del mundo, solo lo anterior o solo lo nuevo. Conseguimos aproximarnos a la vivencia pero solo eso: aproximarnos.
Observar y participar, desde un enfoque holístico, es algo así como hablar y callar, preguntar y responder, saludar y recibir un saludo. Pares complementarios, uno y otro siempre unidos. Cuando falta uno de ellos, falta la armonía y el mundo cambia. Para saber cómo vive un adolescente una forma es observar y participar en la vida del adolescente, su música, su ropa, su peinado ¿Estás dispuesto? Para saber cómo vive un carpintero, una forma es observar y participar en la vida del carpintero. ¿Estás dispuesto? ¿Cómo te ves observando y participando de tu propia vida, de tu mundo? ¿Estás dispuesto? Lo que lograrás será una aproximación, es sólo cuestión de capacidad, pero recuerda que uno siempre da lo mejor en cada momento.
Uno siempre da lo mejor en cada momento. ¿Quién lo dijo? No importa. ¿Estás de acuerdo? Tal vez puedas responder sobre el por qué de tu respuesta, tal vez no. No importa. El fruto de tus acciones ¿es el mejor? Para esto tampoco hay respuesta. Cuando comenzamos a pensar, a actuar, a responder en términos de “tal vez” o “es probable” lo que dejamos implícito es nuestra ignorancia. Suena a seguridad pero es solo ignorancia.
¿Cómo resultará esta operación de estómago?, ¿con estos medicamentos se podrá controlar la presión arterial? La respuesta una y otra vez es que “es lo más probable”. El resultado no puede asegurarse, nuestra ignorancia del futuro es manifiesta. Actuamos de acuerdo a nuestra experiencia y a la experiencia de otros pero nada de eso garantiza un resultado único. Acerquémonos a los términos de probabilidad. Cuando la probabilidad es cero, le llamamos hecho imposible, cuando la probabilidad es uno, le llamamos certeza. Ambos hechos son el extremo de una línea con infinitos puntos: nos dan seguridad. La vida cotidiana nos muestra que nos movemos entre ambos extremos, con idas y vueltas. Desde el holismo se insiste que la medida de esa probabilidad la debemos hacer cada uno de nosotros en el momento indicado. Lo que hoy es imposible, en otro momento puede ser algo más probable o incluso una certeza. ¿Vas a tener un hijo? A los tres años de vida es imposible, a los 24 años con las condiciones necesarias pasa a ser altamente probable, con un hijo en brazos constituye una certeza. El solo hecho de “tener un hijo” cambia de estado de probabilidad en función del tiempo. El desafío es aceptar la posibilidad del cambio.
Nuestro mundo anímico nos permanece oculto y a la vez convive en nosotros. “Yo sé lo que me pasa, sólo que no se qué hacer para cambiar”. Frase que podemos escuchar de un fumador, un obeso, un adicto al trabajo, una persona que no habla con sus hijos desde hace mucho tiempo, una persona que no ha logrado tener una pareja después del sufrimiento de la separación entre muchas otras situaciones.
¿Estas actuando en una forma sana? Para evaluar nuestras acciones, desde el holismo se aconsejan dos actitudes positivas y creativas: comparar y practicar una observación participativa.
Comparar implica recordar, estar atento a los cambios y poder darse cuenta, aunque uno no participe directamente de los hechos. Cuando uno abandona una situación que no nos hace bien, el impulso primero es mejorar. Para saber si el cambio es positivo hay que comparar lo nuevo con lo anterior. Surgen así, múltiples diferencias que siempre estuvieron ahí pero permanecían ocultas pero notorias. No podemos comparar si vemos solo una parte del mundo, solo lo anterior o solo lo nuevo. Conseguimos aproximarnos a la vivencia pero solo eso: aproximarnos.
Observar y participar, desde un enfoque holístico, es algo así como hablar y callar, preguntar y responder, saludar y recibir un saludo. Pares complementarios, uno y otro siempre unidos. Cuando falta uno de ellos, falta la armonía y el mundo cambia. Para saber cómo vive un adolescente una forma es observar y participar en la vida del adolescente, su música, su ropa, su peinado ¿Estás dispuesto? Para saber cómo vive un carpintero, una forma es observar y participar en la vida del carpintero. ¿Estás dispuesto? ¿Cómo te ves observando y participando de tu propia vida, de tu mundo? ¿Estás dispuesto? Lo que lograrás será una aproximación, es sólo cuestión de capacidad, pero recuerda que uno siempre da lo mejor en cada momento.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
