Hasta ahora hemos visto algunos aspectos de la vida cotidiana que se destacan en forma especial en el abordaje holístico de la medicina. Hoy veremos la herramienta que da unión a todo lo dicho: el lenguaje. Lenguaje como expresión, como identidad, como forma de vivir. Lo dicho y lo sugerido, lo explícito y lo sobreentendido. Si quieres aprender medicina, fija tu atención en el lenguaje de los médicos y de los pacientes, así como en el personal no médico. Podría ser una buena aproximación. Pero “aprender medicina” es una de tantas actividades que conforman la vida de una persona. Podemos ser algo más generales. Si quieres aprender a vivir, fija tu atención en el lenguaje de las personas que te rodean y en todas esas cosas que quieres comunicarte a ti mismo. “Fijar tu atención” se utiliza como sinónimo de “poner prioridades”. No todo lo dicho requiere de nuestra escucha, no todo lo sugerido requiere un comentario. Nuevamente nuestra formación como individuo se coloca en el centro. ¿Estás capacitado para poner prioridades? La respuesta se debe dar en cada caso concreto. Teorizar sobre lo que supuestamente uno haría carece de sentido.
Veamos un ejemplo. Tu hijo que nunca ha fumado; en un chequeo de rutina le solicitan una radiografía de tórax. Como se observa una imagen en el pulmón derecho se prosigue con otros estudios, llegándose al diagnóstico de cáncer de pulmón en un estadio avanzado. Treinta días más tarde fallece lejos de ti al encontrarse en otra ciudad, la despedida no pudo realizarse. Uno nunca está preparado para vivir el proceso de morir de un hijo. ¿Qué harías en esta situación? La pregunta carece de sentido. La respuesta es pura especulación. Cada detalle anotado en el ejemplo nos prepara para lo que vendrá. ¿Realmente crees esto? ¿La sospecha de la existencia de un tumor pulmonar te prepara para su confirmación? ¿Cómo le dirías a tu hijo que su diagnóstico es de una enfermedad en una etapa incurable? Dejemos tantas preguntas y cambiemos el enfoque.
No necesitas permiso para hablar con tu hijo pero puedes optar por ceder tu derecho a otra persona, tal vez otro familiar, el médico o un psicólogo que logre dar la noticia por ti. Puedes sentirte obligado a ser tu mismo quien enfrente la nueva situación por la razón que argumentes, pero esa obligación sigue siendo solo tuya, es una imposición tuya. Sentirse firme y poder enfrentarlo es parte del proceso de comunicar malas noticias así como sentirse con el deber de hacerlo. Pero ¿quieres hacerlo?
Todo lo anotado se aplica en cada uno de los pasos que llevan al diagnóstico y el tratamiento. Imagina: para obtener una radiografía de tórax hay que anotarse en policlínica, esperar la consulta con el médico, solicitar hora para el estudio, esperar el momento indicado, llevarle el estudio al médico, esperar que lo interprete y finalmente escuchar que es lo que tenemos (y lo que no tenemos). Cada paso aumenta nuestra angustia/ansiedad desde el lugar en que nos toca vivirlo, como paciente, padre, esposa, hermano, hijo, administrativo, enfermería, médico. Las cosas se complican cuando nos sentimos con la obligación a actuar y no podemos, cuando nuestros movimientos dependen de otros, cuando procedemos empujados por la culpa. Todo esto nos hace formar parte y a la vez generamos un espiral de sufrimiento que aumenta el dolor en todas sus dimensiones. Hasta aquí no hay nada malo, nada negativo. Todo nuestro ser reacciona frente a una situación que nos toca vivir o más bien, frente al cúmulo de situaciones que nos toca vivir.
¿Cuál es el tema en este ejemplo? ¿La muerte? Es uno de ellos. Además encontramos otros tantos como el dolor de perder algo que sentimos que nos pertenece; qué posición es la mejor frente a este diagnóstico; cómo acompañar en estas situaciones (la tarea más importante); cuándo hablar y cuándo mantener silencio, entre tantas otras.
Buscar respuestas a todo es más un juego que un encuentro con la certeza. Si nos toca vivir una realidad como esta, valoraremos el contexto en el momento, actuaremos de acuerdo a motivos que no siempre comprendemos y siempre daremos lo mejor de nosotros mismos. Una aproximación a situaciones vitales como esta, nos la ofrece el lenguaje. Se requiere de cierta tranquilidad interior para escuchar y ser escuchados, para oír y ser oídos. Los gestos hablan, las intenciones hablan, pero recuerda que el silencio también es parte de la armonía justa.
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a veces es bueno escuchar los sonidos del silencio te dicen mas de lo que otros te dirian. te dicen lo justo. pero otras veces es bueno escuchar otras cosas como por ejemplo a una persona, una cancion. escuchar a alguien cuando lo necesita es la virtud mas grande que uno puede tener. escuchar y callar a veces no necesitamos responder ni obtener respuestas. que te escuchen es otro tema un poco complicado no todos quieren escuchar y menos dar respuestas. un silencio prolongado es bueno y necesario... a veces claro.
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